“Dicen que fue el día más frío del año, pero ahí los días
fríos son algo común, más o menos frío, siempre hace frío. Solo una fina manta
separaba mi cuerpo de ese frío, sin embargo no lo sentía. Estaba cubierto con
una manta que yo había diseñado, un tejido especial que convertía el aire frío
en calor a temperatura
agradable para el ser humano. Fuera un silencio que a
cualquiera le sería aterrador solo cortado por el sonido del viento que rozaba
mi manta y algunos bloques de hielo que sobresalían de la monotonía blanca
azulada. Mucho viento, el día más frío del año venía acompañado de una tormenta
de nieve. De repente escuche ruidos en mi intercomunicador, era mi compañero de
investigación dando parte de vida. La tormenta nos había sorprendido y lo único
que pudimos hacer fue guarecernos bajo la manta. No sentía miedo sino una
sensación de alivio, de estar viviendo. La tormenta nos tenía atrapado a mí y a
otras 5 personas en un alejado lugar de este continente blanco azulado, alejado
a muchos kms de otro ser vivo. Nada me parecía raro, un clima hostil pero
abrazador, decidí dormir con el ruido del viento de fondo pensando también en
como seguiría la investigación.”
Se podría decir que nunca disfrute del calor, más si a lo
que jugaba de chico (y de más grande…) era a lo que escribí arriba. Pero no
solo eso se puede sacar de ese breve relato, otra cosa puede ser por ejemplo
que quien vive así debería ser una persona a la que le guste viajar y que no le
molesta para nada la soledad, quizás la primer conclusión es más fácil de sacar
que las otras, y así me paso. Me di cuenta hace poco, un día que como cuando
era chico me encontré en la cama, tapado solo con la sabana, escuchando el
ruido del ventilador prendido, pero mi cabeza se encontraba allá lejos, en
medio de la tormenta de nieve…, y pensé, será que fue algún tipo de señal y yo
no le prestaba atención? O quizás no estaba preparado para darme cuenta, quién
sabe?

seguramente lo fue..
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